Sonríe, te estamos grabando

Tras oir hablar del programa de grabación de vídeo de su ciudad en un pleno municipal, un ciudadano californiano, consultor de seguridad sin ningún tipo de actividad criminal, rellena un formulario de public-records request, un procedimiento perfectamente legal y regulado por ley en los Estados Unidos, y se encuentra con que la policía tiene un completo archivo de casi una foto semanal de su coche circulando por diversos lugares, incluyendo imágenes bajándose del automóvil, con sus hijas en la puerta del colegio, aparcado en casa de un amigo o en el bar en el que suele parar a tomar un café. Ciento doce fotografías de sus dos vehículos tomadas entre 2008 y 2010 y convenientemente clasificadas y archivadas.

A medida que proliferan las cámaras de seguridad en lugares públicos, que mejoran las tecnologías de reconocimiento de imágenes, y que disminuye radicalmente el coste de almacenamiento, nos encontramos con que el concepto de sociedad panóptica que hemos mencionado en algunas ocasiones al hilo de diversos temas abandona el terreno de la ciencia-ficción y se convierte en una realidad perfectamente tangible.

Unido a los datos que generan nuestros teléfonos móviles, nuestras tarjetas de crédito, nuestras búsquedas y nuestra actividad en redes sociales, una imagen completa de cualquiera. En un condado de California, la actividad de los cuarenta y nueve coches de policía correspondía a un total de más de seis millones de capturas de unos dos millones de matrículas únicas, perfectamente almacenadas, indexadas y listas para su uso en cualquier investigación, sin necesidad de una orden judicial, y sin idea de borrarlas a medida que pasa el tiempo.


Por si la presión del Estado fuera poca, aparecen modelos de explotación privada: empresas que ruedan vídeo en la calle desde coches equipados con cámaras, aplican programas de reconocimiento de imágenes, y capturan datos con el fin de comercializarlos a quienes tienen deudas impagadas y exigen su cobro. Pronto, aparecerán otros modelos de negocio relacionados, legales o no, como el oficial de policía que se declaró culpable de usar las imágenes de vehículos estacionados frente a un bar de ambiente para intentar chantajear a sus propietarios.

Si no has leído a Orwell recientemente, no es mal momento para que lo hagas. Y si no, léete el artículo del WSJ. Te provocarán, poco más o menos, la misma sensación.

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