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Contribuciones al estudio de las organizaciones públicas uruguayas - Carlos Petrella
- Contribuciones al estudio de las organizaciones públicas uruguayas - Carlos Petrella
- 01 EL PLANTEO DE UNA INVESTIGACION MAYOR
- 02 Valores nacionales que se han identificado
- 03 PROBLEMAS CULTURALES Y SISTEMICOS EMERGENTES
- 04 EL MODELO BUROCRATICO URUGUAYO VIGENTE
- 05 LA PERCEPCION DE ASPECTOS TECNOLOGICOS
- 05 El comportamiento “CONDICIONADO” de los agentes
- 06 EL IMPACTO AMORTIGUADOR DEL PARADIGMA REDUCCIONISTA
- 07 LO QUE SE PUEDE ESPERAR EN ESTA SITUACION
- 08 REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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04 EL MODELO BUROCRATICO URUGUAYO VIGENTE
El modelo burocrático de corte administrativista aplicado consistentemente por décadas en Uruguay en el sector público, ha condicionado las estructuras y los procesos en las empresas del Estado y también el accionar de los funcionarios públicos en el desarrollo de sus cometidos. El entramado económico y social interno se ha vuelto muy tradicionalista desarrollando un accionar previsible y a veces anacrónico. Por supuesto que no se trata de un fenómeno exclusivamente nacional. Las estructuras y las formas de funcionamiento burocrático tienen alcance global y afectan a las organizaciones en general en el mundo desarrollado, tanto como en el contexto Latino Americano. Los organigramas altamente estructurados, el comportamiento burocrático rígido y el accionar complaciente de los burócratas son fácilmente reconocibles en muchas organizaciones estatales a lo largo de todo el mundo y también, por supuesto en empresas privadas. Están presentes y permanecerán. A éstos se agregan micro organizaciones feudales informales locales, que generan una complejidad adicional.
El Uruguay ha ido creando gradualmente un sistema burocrático público fuertemente instaurado para preservar el estado de situación legado, más allá de lo necesario para garantizar la estabilidad institucional de los servicios y la vigencia de la capacidad de sustentabilidad del aparato productivo nacional. Todo ello traspasado por redes de poder informales que operan generando singularismos en la Administración, aumentando la opacidad de la gestión. Es lo que los circunstanciales innovadores perciben – igual que los agentes políticos reformistas del Estado - como la “máquina de impedir”. Es lo que la entonces ministra de Desarrollo Social uruguaya Marina Arismendi experimentó cuando trató de desarrollar el “Plan de Emergencia”, estableciendo mecanismos innovadores de generar un servicio nuevo a la población. Refiriéndose al sistema normativo sostuvo de manera muy crítica que: “las normas están hechas para que las cosas no salgan”. (Arismendi, 2005)


Aspectos relevantes en la burocracia uruguaya
Según Julio María Sanguinetti (ex presidente de la República Oriental del Uruguay en dos oportunidades luego de la apertura democrática del año 1984): “Las burocracias parecen manejar internamente los resortes de la estructura estatal mucho más que las orientaciones políticas de los gobiernos electos por el pueblo.” Además agrega que: “Las regulaciones administrativas de la vida económica han sido de dudosa eficacia; muchas veces lograron efectos contrarios a lo buscado y si bien ningún Estado renunciaría hoy a ciertos márgenes orientadores, por todas partes se advierte el afán de racionalización.” (Correa Freitas y Franco, 1989: 7) Todo lo que refuerza la idea de que el cambio estratégico en el funcionamiento burocrático del Estado es prácticamente imposible o por lo menos muy difícil de encarar si se incluyen planteos generales a escala nacional. (Lo que no es una excepción, porque las reformas de este tipo han sido siempre muy complejas y problemáticas en todo el mundo)
Esta percepción de la realidad burocrática nacional por parte de actores públicos tan diferentes como Julio María Sanguinetti y Marina Arismendi, es consistente con algunos de los mitos identificados por Juan Rial (1986: 22), en su análisis del imaginario social uruguayo. Este modelo tiene especialmente relación con el mito de la medianía (obtener seguridad) y con el mito del consenso (respeto a lo establecido). En definitiva operan apuntalando el pasado conocido y seguro que pesa más en el imaginario que el desafío de construir un futuro mejor, pero todavía incierto. De esta manera la capacidad de innovar en las organizaciones se ve fuertemente amortiguada con claros desincentivos a cualquier forma de cuestionamiento y cambio respecto del pasado legado. También todas estas frustraciones pueden ser parte de un mal mayor que ya Max Weber había previsto. Esto es el “desencantamiento” luego de percibir que la idea de que “podemos hacerlo y lo haremos” producto de la seguridad en nosotros mismos, puede ser exagerada. (Bauman, 2007: 112)































